Ser del Betis
Este alegato bético, recibido por correo electrónico y cuyo autor desconozco, merece hacerse público por su belleza y su acierto:
'Mi primo Juan tiene 9 años. Está en la edad de confirmar equipo, algo que decidirá algunas amistades, muchas alegrías, mucho sufrimiento y de verdad lo creo, su personalidad. Hace dos semanas me preguntó por qué éramos del Betis, entonces me quedé con las ganas de explicárselo todo; ahora lo hago con esta carta:
Juan, somos del Betis por lo que cabe en él: la risa, la paciencia eterna, los goles en contra al final del partido y la increíble respuesta a tiempo. En el Betis cabe lo distinto: un alemán negro, un brasileño rubio, un guineano de Valladolid, un portero sin dedos, un suizo molesto.
Caben bicicletas que no llevan a ningún sitio, pero emocionan y valen más que cualquier fortuna, caben delanteros inofensivos, la maldición del extremo izquierdo, el gorro de Finidi, el fallo de Cardeñosa, el penalti de Joaquín, los goles de falta de un portero, el manquepierda, las rimas de Melado, el currobetis, los 21 penaltis contra el Bilbao, las lágrimas de Esnaola, el regate de la tostá, un escudo masónico, las marchas verdes. En el Betis cabe el sentirse raro al ganar, la pasión por sufrir, el absurdo, el no saber explicar porqué y sin embargo nunca dudar que hay algo especial que lo rodea todo.
El Betis nació para evitar una injusticia a un minero: era suficientemente bueno jugando al fútbol pero no suficiente rico. Desde entonces, al Betis le roban lo que regala, se ríe de los puristas, de los resultadistas, de lo que es útil pero feo, es un 2-4 en la inauguración del Pizjuan. Es sorpresa; no es fútbol, es balompié, el Betis es sacar el balón jugado cuando no se puede, la poesía frente al informe, la resaca, no la aspirina, Rogelio comiéndose un huevo duro que le tiraron en un derbi, la broma antes que el esfuerzo, es no saber perder tiempo, es desafiar al destino poniendo trece barras en su escudo o tener una peña en Chechenia.
El Betis es la vena del cuello de Kiko Veneno cuando canta “El mundo es una tontería”, el Rey San Fernando conquistando Sevilla, Curro Romero abroncado, un cubata de Silvio, los canteranos que quedan por salir, los extranjeros que se quedarán a vivir aquí, una pegatina en una portada de la feria o un tetrabrick lleno de cenizas y promesas.
En el Betis cada jugada es el principio de una revolución preciosa que tarda pero llegará, los regates son desafíos al orden, la gente, quijotes orgullosos de haberse equivocado al elegir, y de participar en una mentira que vale la pena'.
Aún así, una cosa es sentirnos orgullosos de nuestra historia y nuestro sentimiento, y otra cosa distinta usar la historia y el sentimiento como excusa para persistir en el error. OTRO BETIS ES POSIBLE.



